Cuándo somos independientes y necesitamos ponerle un precio a nuestro servicio generalmente les sucede que:
– Cobramos poco
– Trabajamos muchas horas (más de lo que cobramos)
– El cliente no valoriza nuestro tiempo / conocimiento / servicio / experiencia
– Nos cuesta poner un precio a lo que hacemos
– El dinero no nos alcanza para nosotras mismas, ya que ponemos en prioridad: pagar gastos de nuestros hijos, obligaciones, deudas, etc…
¿Te suena familiar?
Con el tiempo entendimos que la falta de dinero no es el problema, sino la consecuencia de nuestras creencias y nuestra forma de actuar y relacionarnos con él.
Reflexionemos:
– ¿Quién le pone el precio a tu servicio? ¿Tu cliente o vos? ¿Quién elige pasarle un honorario bajo? ¿Quién es la primer persona que desvaloriza su propio conocimiento, tiempo o experiencia, aún cuando estamos prestando un servicio de calidad y con alto compromiso?
Habitualmente sucede que aprendimos a relacionarnos con el dinero desde el tabú, la desvalorización y la escasa formación en aspectos financieros.
Para romper con este ciclo de «falta de dinero», tenemos que entender, que el cambio empieza por una misma, por poner en valor que hacemos y lo que brindamos.
Por eso, querida WM! te decimos que:
Es posible que cobres bien por tus servicios y que tu cliente lo valore.
Es posible tener sobrante de dinero, incluso en contextos recesivos…
Es posible construir un bienestar económico si empezamos desde ahora.